martes, 29 de junio de 2010

En espiral






















En una canción la fñgñals Paulina Rubio hace mención a que cree que"la energía se mueve en espiral". Este pensamiento ya me llevaba intrigando desde hace años, siento coincidir con la chica dorada en algo. En el segundo cero, la millonésima de segundo que precedió al Big Bang, dicen que toda la materia y la energía del universo estaban concentradas en un punto infinitamente más pequeño que la cabeza de un alfiler, y nadie sabe por qué, tras esa millonesima de segundo la explosión primigenia, luz infinita, empezó a expandir el universo. Esa fuerza inimaginable lanzó fragmentos enormes de materia, girando sobre sí mismos a una velocidad cercana a la luz, y conforme iban desplazándose, iban abriendo el espacio y el tiempo, girando sobre sí mismos, a una velocidad inimaginable. Se fueron formando galaxias, sistemas planetarios, con sus soles y satélites, que mantenían el movimiento rotatorio, que a su vez, originaba que todos los cuerpos, celestes o no, tuvieran gravedad, y la gravedad retuvo en algunos mundos las atmósferas, y esas atmósferas, en algún caso, en uno seguro, fueron con el paso de trillones de años, semilleros de vida. El resto de la historia lo podemos intuir.






El movimiento de rotación, por tanto, es origen de la vida. Y de placer. Lo emulamos de niños, quién no ha girado sobre sí mismo a toda velocidad, acabando muerto de risa por el suelo. Están también los bailarines derviches, esa secta musulmana, sufí, que persigue el éxtasis religioso a través de su danza en espiral. Y en verano, no hay un pueblo o ciudad que no tenga su feria, con su calle del infierno, significativo nombre para un lugar en el que nos sometemos, voluntaria y gustosamente, a la sensación de ser arrojados al vacío, a toda velocidad, girando alrededor de un eje.






Anoche fuimos a la feria de nuestro pueblo. Por complacer a mi hija, sin pensármelo mucho, accedí a subir con ella en una atracción "El super grillo", que en principio no me pareció demasiado amedrentadora. Todavía estoy afónica de los gritos que lancé, aparte de que creo que toda la feria sabe el color de mi ropa interior; antes muerta que sencilla, yo con mi falda de vuelo y super escotazo a romper la feria que iba. En cualquier caso fue muy divertido, mereció la pena simplemente cuando mi niña, entre los barrotes en los que nos apresaron, me miró y me dijo: "Así es como se lo pasan bien una madre y una hija".






Saliendo de la feria, volví a reafirmarme en la idea de que todo se mueve en espiral, al ver como lloraban y protestaban los tres porque no habían tenido bastante. Ese era mi final para todas las ferias veintitantos años atrás: las lágrimas. Nunca me ha parecido justo que lo bueno deba ser breve. ¿Karma o dharma? Qué sé yo. El tiempo me ha enseñado a resignarme, polvo de estrellas, sólo somos cenizas de una gran explosión cósmica, y volaremos, arremolinados, por el viento.

domingo, 27 de junio de 2010

Saussure








Uno de los libros que más veces he tenido que leer, analizar y referir en mi vida es Curso de Lingüística General, de Ferdinand de Saussure. A todos mis lectores filólogos sé que les sonará de algo. Es un ensayo póstumo sobre las conferencias que este sabio dio en la Universidad de Ginebra con ese tema, asentar los fundamentos de una teoría del lenguaje. El libro, paradójicamente, ni siquiera lo escribió él: lo redactaron sus alumnos más brillantes reorganizando y reescribiendo los apuntes que habían tomado de sus conferencias. Aparte de iniciar la disciplina lingüística, sirvió de arranque para el estructuralismo, un movimiento de pensamiento que vertebra el siglo XX.












Sinceramente, cada vez que me volvía a encontrar con este texto maldecía a tan dilectos alumnos, no tendrían nada mejor que hacer. Resumiendo mucho, Saussure señalaba que toda lengua es una estructura, un sistema, compuesto por un número limitado de signos, y que el valor, la funcionalidad y el significado de ellos depende de una serie de relaciones y oposiciones, dicotomías, que los signos mantienen entre ellos. La más famosa es la relación que existe entre significante y significado, pero a mí, de siempre, la dicotomía que me resulta más intrigante es la oposición sintagma-paradigma. Sintagma, o relaciones sintagmáticas, son las asociaciones que el signo lingüístico mantiene dentro de la cadena del discurso con los demás signos presentes en él, las otras palabras, o fonemas, o morfemas que le rodean en un momento dado...Paradigma, o relaciones paradigmáticas o asociativas, son las posibles conexiones que un determinado signo establece con todos los demás signos lingüísticos que "podrían" haber ocupado su lugar en la cadena discursiva, por relación de significado, de función, de semejanza fonética....Al crear cualquier tipo de mensaje, de este modo, tomamos un sinnúmero de decisiones, elegimos lo que decimos y pensamos.












Este año llego a una edad "preciosa" , "redonda" y muy significativa, en la que me planteo y replanteo todo lo que he sido, soy y seré. Y me he dado cuenta de que, como un signo lingüístico, como una palabra, mi vida cobra significado, sintagmáticamente, en relación a lo que los demás me dicen que soy, o quieren que sea, busco mi identidad en los reflejos de los espejos. Al mismo tiempo,paradigmáticamente, soy lo que soy porque decidí y decido cada día no ser otra persona: soy modosita y dócil, podría ser rebelde y redicha; soy una buena mamá y una sufrida esposa, porque decido constantemente no liarme la manta a la cabeza y largarme con lo puesto. Me doy cuenta de que me definen tanto los descartes como las elecciones que tomo, y que, en otra dimensión, podría estar viviendo ese otro yo que no se casó, que no aprobó unas oposiciones ni tuvo hijos, que no decidió mantenerse fiel a la imagen de mujer buena y aplicada que, en algún momento, se estableció que fuera. Será una mujer posiblemente alegre y libertina, que viaja por el mundo y vive mil amores, que no teme a los espejos ni mantener miradas líquidas, ni devolver sonrisas excesivas, ni caricias imprevistas. Posiblemente en días tontos como éste sospecha que su vida podría haber sido muy distinta si se hubiera quedado arropada en la dulzura de lo cotidiano, y añora las caras que no besa, y las frases que no calla. Y se nutre y se hace fuerte con todo lo que yo temo y rechazo.

De hecho, la verdad es que empieza a darme miedo esa mujer escondida, creo que está intentando saltar de dimensión y hacerse real en ésta. Quizás ya lo haya hecho. Tal vez utilice un agujero de gusano, tal vez la arrastre hasta aquí una mirada arrebatada. Su fuerza cada vez es mayor, y yo, la que escribe estas líneas, siento que me debilito a medida que termino este párrafo. Hace días que los espejos no me devuelven mi reflejo y las palabras pierden su sentido en el momento en que las nombro.

sábado, 26 de junio de 2010

Nueva compañera




Me crucé con ellos justo cuando me disponía a salir del trabajo,"Hola,¿a que tú eres mi nueva compañera?". Ella sorprendida, "Sí, yo soy de Inglés ¿y tú?", ...Dos niñas y un matrimonio, lustrosos y sonrientes, me miraban expectantes, sin muestras de reconocerme. A ver, ¿cómo les explico que les conozco casi desde siempre ?



A él me lo encontraba diariamente, durante años, en el autobús que me llevaba a la Facultad, por la mañana, y luego en el que me conducía hasta la Escuela de Idiomas, por la tarde. Estaba en mi clase de alemán, pero en todo el tiempo ni crucé una palabra con él, ni creo que ni siquiera me mirara. Yo, sin embargo, lo devoraba con los ojos, era exactamente el tipo de chico con el que siempre había soñado: alto, guapo, moreno, serio, inteligente, callado...En los largos y aburridos trayectos del autobús, en aquellas tardes oscuras de invierno, me entretenía con ensoñaciones delirantes en las que él era el protagonista, y siempre acababa declarándome su amor y derritiéndome en un beso hollywoodiense...a sabiendas de que esas películas no las viviría, pues el único defecto de aquel dechado de virtudes... era su novia, una chica atractiva y de aspecto despierto, que no se le despegaba ni para ir al baño. Él sólo tenía ojos para ella, ella para él, vivían en su mundo privado y perfecto, fuera de él sólo habría oscuridad.




Terminaron los años de facultad y seguí coincidiendo con ellos: en las oposiciones, donde él fue el primero en aprobar; después, en los pasillos de la Delegación, en las colas para solventar papeleos. Años más tarde, cuando me mudé a vivir a un pueblo de la costa, el destino los puso de nuevo ante mis ojos. Vivían a sólo dos calles de mi casa, por lo tanto me los seguía cruzando en el supermercado, en la biblioteca; cuando llegaron los niños, en la guardería, en el centro de salud, en el parque. Incluso recuerdo haberlo visto a él en la tele, en uno de esos programas culturales de madrugada, hablando de un proyecto que estaba desarrollando...Siempre les sonreía, a veces me devolvían la sonrisa. Por cortesía, ahora lo confirmo. Yo para ellos no era ni una sombra, ni la sombra de una sombra.



Ahora, no obstante, noto que me enfocan, intentan localizarme, en vano, en el espacio y en el tiempo. "Pues no te recuerdo, lo siento", "bah, no te preocupes, es que yo tengo memoria fotográfica". Sonrío para mí misma. Ella es agradable, simpática, sencilla. Sé que seremos buenas compañeras, posiblemente hasta amigas. !Tenemos tanto en común!
Sin embargo, lo que más nos une será siempre un secreto que seguirá erguido entre las sombras, donde yo antes vivía, convertido en una perla, preciosa, que sólo yo distinguiré.

viernes, 25 de junio de 2010

Insecto palo










Adolfo: "Chica, no sabía que las otras brujas le tenían tanta envidia a tu amiga Rosa"-




Carmen."¿Envidia?", Mariví y yo nos miramos sorprendidas.




Adolfo: "Es que esa mujer es tan guapa y tan elegante, tan, tan elegante, tiene mucho tipo de pepera y de opusina, eso sí, pero es que es tan guapa..y sobre todo tan elegante..."




Carmen: "La verdad, no sé cómo pueden envidiar a una persona que es tan profundamente infeliz, yo sólo envidio los bocadillos de tortilla con mahonesa que se zampa, que no sé dónde irán..y no creo que sea ni pepera ni mucho menos opusina"




Mariví: "Yo no la veo tan guapa, la verdad, es super buena gente, conmigo se ha portado super bien y quería que fuera con mis sobrinos a su casa, y blablabla..."




Adolfo:"Pero ¿no os dais cuenta de que es exactamente como un personaje de película de Hitchcock, una de esas rubias frías que llegan a un poblacho de no se sabe dónde y no se sabe porqué, siempre de punta en blanco, huyendo atormentada de un pasado turbulento y misterioso...?Está claro que algo esconde..."




Carmen: "Adolfo, me he pasado meses intrigada por esta chica y dándole vueltas al coco, por qué está aquí,por qué se vino de la capital, qué es lo que ha hecho hasta ahora...y es cierto que nunca habla claro, se contradice continuamente cuando habla sobre su trabajo en Madrid, unas veces ha sido asesora en Centros de Formación, otras veces tenía un puesto en la Delegación, otras veces era profesora de la Universidad a Distancia, otras cuenta que gestionaba recursos, cientos de miles de euros...Y es cierto que es misteriosa, pero para mí que está siempre interpretando un personaje y que debajo de él esconde la nada, no nada..."




Adolfo: "¿Y tú de verdad te crees que dejó ese super puesto que tuviera para venirse a vivir a este sitio tan feo y cutre...?




Mariví: "Oye, que esto no es feo, valencianito pijo, a ver que te crees"




Carmen: "Ella cuenta que soñaba con vivir en la costa, en un acantilado sobre el mar, y así es como vive, el mar casi se le mete en el salón, quería vivir una película, empezar de nuevo con su hijo junto al mar"




Adolfo: "¿Lo ves? Es que es todo glamour en ella, es que es tan elegante, vive en un acantilado sobre el mar como Rebecca, cómo me gusta esa película. Pero,¿quién se va a creer que dejó a su super marido rico solo en Madrid para venirse a vivir aquí, sólo para vivir una película? Vamos hombre, que esa esconde algo o huye de algo, fijo..







(Fragmento bastante fidedigno de una conversación de terracita al sol, una mañana de inicios de verano)




Su enigma me temo que perdurará y nunca llegaremos a saber qué la empujó a dejar la vida rutilante en la capital para exiliarse a una zona costera de veraneo barato, dejando en su huida una casa de tres plantas en La Moraleja, su super puesto en no se sabe qué y una caterva de amigos y admiradores a los que no paraba de referirse, amén de condenar a su marido a una constante peregrinación de la capital a la costa, que en pocos meses los llevó al borde de la ruptura y a la salita de una terapeuta matrimonial. Sí que adiviné su casi inmediata desesperación al comprobar que esta nueva vida la hacía aún más infeliz de lo que ya era: odiaba el trabajo, no paraba de decir que se sentía desperdiciada, que ella tenía otras aspiraciones, que cómo podía tratarla la directora como si ella fuera una más...A los dos meses de instalarse ya estaba moviendo hilos para regresar a la capital. No le gustaba el trabajo, ni los nuevos compañeros, ni el colegio carísimo que había elegido para su hijo, ni la casa de alquiler... no le gustaba ni el mar, siempre presente allí fuera, amenazador, frío y vacío.




No me cabía la menor duda de que ella entre nosotros era una estrella fugaz, pasaría leve y vertiginosamente, sólo nos quedaría el rescoldo de su gloria. Como así fue. Lo que no sospeché era que su impresión entre los demás no era tan gloriosa: lo que para mí era desdicha y desesperación para otros era simplemente desdén, se hizo famosa entre los compañeros por su tendencia y facilidad para el escaqueo y su falta de empatía...a pesar de que nuestra asistenta compartida me había comentado su pasión por los libros de autoayuda y de citas trascendentes.








Su figura, alta y esbelta, en cualquier caso, fue adelgazando, adelgazando...ella me confesaba que era consecuencia de la ansiedad; de todas formas, según mi amigo Adolfo, para mayor elegancia, iba en coherencia con su personaje. Tanto adelgazó que, repentinamente, un día ya no estaba. Desapareció. Se había ido. Posiblemente consiguió su objetivo de regresar a su puesto ejecutivo en la capital. Me imagino que retornaría allí y los dejaría a todos boquiabiertos, con su bronceado impecable que hablaba de playas remotas, su halo de misterio, su perfume tan caro y exclusivo...volviendo de un lugar exótico y desconocido, en el que le habrían pasado enigmáticas experiencias, y habría conocido a personas apasionantes e inolvidables. Viviendo atormentada en una casa que volaba sobre un acantilado. Debajo el mar, amenazador, frío, vacío.

domingo, 13 de junio de 2010

Bebés







Siempre había soñado tener una hija con la que compartir el mundo, y la tuve. La quise tanto que quise hacerle el mejor regalo que pudiera imaginar. Y por eso, quise darle una hermana: me encantan los reinos de mujeres. Pero la vida me dio a mi príncipe encantado. En cuanto pude, volvía a intentarlo, a traer de la nada a mi Graciela. Y de nuevo se me dio este pequeñín, que iba a llamarse Rubén, hasta que, en el último momento, yo ya en el quirófano, me acordé del abuelo al que nunca ya conocería y, por él, se llama Rafael.





Rafa es una gran sonrisa. Es un completo diablillo, que me roba hasta el último segundo, pues no puedo quitarle ojo de encima: anda siempre con pelotas, pintorrea paredes, le pega a sus hermanos(tendencia al mordisco), tira todo por el suelo, me cambia los programas de la lavadora, me esconde los mandos de la tele...y así hasta el infinito. Pero todo lo arregla con un "besho, besho" y su enorme sonrisa, y por un segundo me devuelve al niño que fue mi hermano, y que, posiblemente, habría sido mi padre, reflejados en su cara en algún momento que otro.








Durante un tiempo acaricié la idea de tener otro bebé, pero los médicos me lo quitan de la cabeza, aparte de que yo ya no sé si tendré tiempo y fuerzas para darles a todos todo lo que quiero darles. Ya sé que la niña Graciela, la que no llegó, duerme arrullada por las otras niñas que se fueron, mi madre de niña, mi hermana y yo de niña, vosotras de niñas...




El pequeño Rafa es la variable inesperada de mi vida; aparte de mí, nadie en la familia lo esperaba y a todos nos descolocó, pues las cosas se hacen para familias de cuatro miembros(mirad las mesas en los restaurantes, los paquetes vacacionales, los envases familiares...). Hubo que reorganizar la casa entera, remover y abrir hueco en los armarios, volver a comprar cochecito y aparejos de bebé...Todo por su sonrisa. Mi pequeño milagro me confirmó que lo mejor de la vida siempre es imprevisible. Él sólo sabrá que es el sol de esta casa, en su sombra duermen mis sueños.

FETICHES











Cuando era pequeñita, creía fírmemente que las cosas tenían vida. Mi madre me cedió el cajón de una mesita que tenía en el corredor, para que allí guardara mis pequeños tesoros, y cuál no sería su sorpresa cuando, a los pocos días, descubrió que lo había llenado de papeles de caramelos, cáscaras de pipas, chinitas y semillas de melón y sandía. Se enfadó mucho conmigo, supongo que me llamaría de todo menos bonito (mi madre es muy temperamental), hasta que entendió que yo no hacía aquello por indolente o cochina, sino porque consideraba mis amigas a todas aquellas cosillas insignificantes, recuerdo haber pasado horas hablando con ella.




Esa tendencia a acumular todavía me acompaña. Y esto sí que es un problema, cuando se tiene poco espacio en casa, tres niños pequeños y cierta pasión por los vestidos, bolsos, zapatos, pañuelos,...Por eso entenderéis que hoy, día de limpieza del trastero, ha sido un día de pesadilla para mí. Largas horas vaciando armarios y estanterías, seleccionando y acarreando trastos al contenedor, donde todo desaparece en minutos por arte de ensalmo(cosas de la crisis).




Para alegrarme un poquito el ánimo, me he puesto a reconsiderar la cantidad de objetos que anualmente se van salvando. Algunos llevan conmigo un montón de tiempo, y proceden de los más diversos orígenes. Para muestra un botón:




Este émulo de Charly Brown lleva conmigo desde los 15 o 16 años, me lo regalaron mis amigas del instituto: Eva y Nieves Durán, Tere Carmen, Eva Anglada, Irene... Después de tantos años, últimamente estoy coincidiendo con ellas de nuevo, con algunas vía Facebook, con otras por la calle. Aparte del muñeco, que vive feliz en mi terraza entre cactus y plantas enanas, me quedan recuerdos preciosos; de Eva, admiraba tu desparpajo y simpatía,( y lo guapa que eres) de tu hermana, su gracia y sentido del humor; Tere Carmen, tan trabajadora y constante, y tan ligona; Eva Anglada, simplemente entrañable, tan cariñosa; Irene, de las personas más sinceras, honestas y transparentes que he conocido nunca. Me alegro tanto de haberos vuelto a encontrar!!!
El papiro de Isis y Osiris también me lleva acompañando unos veinte años. Me lo regaló Fran, aquel muchacho tan noble con el que viví quizás los años más tiernos. Donde quiera que esté (creo que en Aracena) le deseo todo lo mejor, como siempre.


Este muñequito de lana me lo hizo mi abuelita paterna Luisa, tendría yo diez o doce años. Dio lugar a una gran familia de muñecos de lana que invadieron toda mi familia materna, pues lo copiaron hasta la saciedad todas mis tías, primas y mi otra abuela. De mi abuela Luisa heredé mi segundo nombre(procuro, en secreto), su afición por contar historias(aunque ella siempre de viva voz) y creo que cierto parecido físico. Hace más de veinte años que se fue al cielo, como ella diría, pero su muñequito me la recuerda casi diariamente.

Estos pendientes no son tan antiguos como parecen, tendrán unos 18 años, y me los regaló el señor Duende de la Hierbabuena, que lo mismo está dando saltos por aquí, así que diré que de él aprendí lo que es la paciencia y a reirme de mí misma y de la vida, y, al cabo, quizás sean las dos enseñanzas más prácticas que he recibido.


Y, finalmente, mi compañero más fiel y antiguo, el que lleva conmigo casi desde que nací. Me lo traje mi papi de Madrid cuando tenía tres meses y no me he separado nunca de él. Ha estado conmigo en : Italia, Inglaterra, Austria, EEUU....hasta que me casé y decidí que ya no me acompañaba en el viaje de novios. El pobre está en las últimas, tiene el tejido todo pasado, ya casi es imposible remendarlo más...pero lo ha medio adoptado mi hija, que es la que le ha puesto los pompones, para taparle agujeros. Se llama Míster Buquito.


Habrá una segunda entrega sobre mis tesoros, pero ese cuento lo contaré otro día.

miércoles, 9 de junio de 2010

Príncipe encantado

Tenía un amor secreto. Buscaban los rincones, se escondían de los otros para darse arrumacos y decirse cariñitos, tenían cada día un ratito privado, en el que no dejaban entrar a los demás, se contaban sus cositas, las de cada día, todas tan especiales porque salían de su boca...
La primera vez que lo vio fue en un sueño, tendría doce años, era la mágica noche de San Juan. Su abuela le contó que desde antiguo se creía que si esa noche echabas agua por la ventana a las doce en punto, hora de brujas, soñarías con el gran amor de tu vida. Lo hizo, y efectivamente soñó que caminaba por una de las blancas calles de su barrio, con casitas mata y limoneros, al fondo la Iglesia de San José Obrero, y que iba al encuentro de él, un muchacho alto y bronceado, de grandes ojos negros con un punto dorado, cabellos más claros que oscuros, que al verla corrió hacia ella y la abrazó. Fundido en negro.
Pasaron muchos años, casi treinta, y no se volvieron a ver. De vez en cuando ella recordaba aquella ensoñación adolescente y sonreía, había vivido varios amores, había encontrado su compañero, esperaba que para siempre, y poco que ver con el gallardo príncipe de sus sueños. Fue madre varias veces, cada vez con más deseo y menos recelo: es lo que da la experiencia, si te va bien. A todos los adoraba, y a cada uno de una manera. Nada le daba más alegría que reflejarse en sus caras, verse en sus ojos. Y en una de esas ocasiones lo reconoció, a él, su príncipe encantado. La chispa dorada de sus ojos estaba en los de su hijo, aquel niño silencioso, imaginativo y dulce que decía que la quería más que a su vida, que era la mejor mamá del mundo, una y otra vez, todos los días y para siempre.
Lo había encontrado, era él, sabía que lo perdería. Y esa certeza, por necesaria e imprescindible, a veces le rompía el corazón.

David = amado de los dioses

viernes, 4 de junio de 2010

Tres vidas


Tenía una vida, dio tres, se quedó sin ninguna. Curiosa operación matemática. 1=3, resto 0.
Aquella vida primigenia se ocupaba, sin duda, pero siempre sobraba tiempo para largas siestas de lagarto, interminables caminatas por avenidas y paseos, charlas con amigas hasta la madrugada. De hecho, quedaba tiempo hasta para el aburrimiento.
Pero llegaron ellos. No de una vez, no sin quererlos, al contrario, deseándolos de corazón. Llenaron todo el espacio de la casa, de la familia, de sus corazones. Trajeron horas de llanto, de ansiedad, de insomnio, y, sobre todo, de plenitud, risas y cariño. Pero, de repente, ella no estaba. Era omnipresente y todopoderosa, tenía la virtud de hacer tres tareas a la vez, podía dormir un par de horas al día y estar tan fresca. Todo esto era verdad, y no lo era. Ella no estaba. Estaba, era ella, pero ya no lo era. Se había convertido en una máquina perfecta de resolver problemas y cumplir con responsabilidades. Reía, besaba frentes, limpiaba narices, preparaba meriendas y hacía camas. Todo lo intentaba hacer con la mejor de sus sonrisas, sabiendo que era su elección, nada había sido impuesto, sin embargo...Al terminar los días caía en unos sueños pegajosos, densos y oscuros, vacíos de significado, como la muerte. Se sumía en ellos felizmente, anhelando fusionarse con la nada y aparecer en el otro lado, ella misma, con ellos, pero la de antes. Con tiempo para charlas, caminatas y siestas, feliz y despreocupada, quizás la hermana mayor de todos ellos.

Hubo un sueño, sin embargo. Caminaba, como entonces, por un parque de árboles altos y milenarios, que sembraban el suelo de hojas doradas, como la luz que se respiraba a aquellas horas de la tarde. Seguramente perseguía a sus tres diablillos, que se habían adelantado corriendo a buscar el estanque de los patos. De lejos vio venir a una mujer joven, bienparecida. Supo quién era antes de cruzarse con ella, tuvo un vuelco de consciencia y recordó que ese sueño ya lo había tenido, veinte años atrás, veinte kilos menos...Sonrió a la muchacha, ella le devolvió la sonrisa en un gesto de reconocimiento. Supo que iba por el camino correcto...Una mujer mayor le adelantó, andando a buen ritmo. También intuyó quién era. Y se sintió feliz y agradecida.

Despertó cuando el grito de un chiquillo rompió la noche

miércoles, 2 de junio de 2010

Bruja






Hace muchos, muchos años, yo era bruja. No sé cómo empezó todo, estaría en el instituto, y en uno de aquellos recreos lluviosos, cuando todavía permitían que nos quedásemos en clase solitos, alguien sacó una baraja de cartas y dijo"vamos a echar las cartas", yo diría, "déjame a mí, que yo sé". Soy y he sido siempre observadora, creo que también intuitiva, de manera que sabía qué tenía que decirle a cada quién:"Vas a conocer a alguien que te va a impactar y te va a dar muchos quebraderos de cabeza, pero será para bien", o "Estás entre dos amores, sopésalo, yo me quedaría con el primero", o "Alguien te quiere mal, ten cuidado con los falsos amigos"... Lo cierto es que, de repente y, sin comerlo ni beberlo, se corrió la voz de que había nacido una pitonisa entre las aulas, y eran largas colas las que se formaban de chicos y chicas ( a veces hasta profesores ) buscando que le diera indicios sobre lo que estaba porvenir. Lo peor es que, casi siempre, acertaba.



Yo lo consideraba un juego, y así se lo decía a los demás. Ellos creían en mí mucho más que yo misma, de hecho empecé a sentirme presionada, ya entonces me costaba decir que no a la gente, este problema mío de buscar eternamente la aprobación de los demás. Mi fama desbordó las paredes de la escuela, y ya me traían amigas y amigos de amigas y amigos...Hasta mi familia se enteró, de hecho, mi madre me regaló un tarot por mi 17 cumpleaños. Era precioso, aún lo conservo, cada carta se identificaba con un mito griego, tenía bellas ilustraciones y un libro explicativo muy bien escrito, que insistía en que el objetivo no era tanto la adivinación como la introspección personal.



Un día mi madre apareció en casa con una amiga suya que se había quedado viuda recientemente, de manera brusca y trágica. La mujer estaba hundida en la depresión, y me suplicó que le echara las cartas. Aquello me parecía surrealista, mi madre no me echaba un capote, yo sabía que la pobre mujer, Adela se llamaba, estaba desesperada y accedí. Sabía qué era lo que tenía que decir, como no: "Estás ahora en un túnel, no ves más allá de esta oscuridad, pero tienes que saber que tu marido quiere que salgas y recuperes tu vida, por ti y tus tres hijos...", pero lo cierto es que me sentí fatal, y supe que allí tenía que terminar toda esa historia. Empecé a poner excusas cuando me buscaban, "Hoy no puedo, siento malas vibraciones", "Ahora no puede ser, tengo mala energía", "Vuelve cuando cambie la luna, no se puede con luna nueva...", mi fama se extinguió tan velozmente como surgió. Aliviada, me volví a hundir en el feliz y honesto anonimato, convertí la sinceridad en una norma de vida -hasta dónde nos puede llevar fingir lo que no somos-, y perdí todo interés por adelantarme al futuro. Las sorpresas son la sal de la vida.



martes, 1 de junio de 2010

Una madrugada lluviosa




Todos los días tengo que recorrer trece kilómetros de autovía para llegar a mi lugar de trabajo. Es todos los días el mismo recorrido, accedo a la autovía, subo el puerto de montaña de El Higuerón, y luego me espera una bajada de tres kilómetros que me lleva a Fuengirola, a la izquierda, o a Mijas Costa, a la derecha. Hace un par de semanas, iba con bastante prisa, pues teníamos que llevar a la mayoría de clases del instituto al Teatro adyacente, y sabía que se podía líar parda (manejar quinientos adolescentes entre tres o cuatro no es tarea fácil), cuando me encontré con una intensa retención de tráfico. Anduve maldiciendo unos diez minutos,( suelen haber reparaciones en la carretera a hora punta), hasta que me topé con la causa de todo el "tapón": bajo un puente, entre dos furgones de policía yacía el cuerpo sin vida, ensangrentado, de un hombre de mediana edad, del que sólo vi las piernas que asomaban bajo la cubierta de amianto que ponen a los cadáveres...Fue muy impactante, no me lo esperaba, me trajo al recuerdo otras situaciones parecidas que he vivido, accidentes, varios ya, en mi persona o en otros.
Más tarde me enteré que no había sido un accidente de tráfico, sino un suicidio. No he llegado a saber por qué, pero al parecer, la desesperación hizo que el pobre hombre se arrojara desde lo alto del puente al vacío. El problema es que en este caso el vacío no existe, afortunadamente no ocurrió nada más que trascendiera la muerte de este individuo, pero no pude dejar de recordar la historia que me contó un antiguo alumno mío, cuyo abuelo quedó parapléjico cuando recibió el impacto de otro suicida que se arrojó "al vacío" desde un octavo: una vida que se extinguió destrozando a otra inútilmente. Qué ironía, qué desesperación, pensar que el acto más significativo de una vida pueda ser destrozar a otro en tu muerte...
En el caso que estoy narrando, como ya dije antes, no hubo más consecuencias. Sólo que en el asfalto, casi un mes después, todavía se ven claramente dos manchas de sangre, causadas por el impacto del cuerpo al estrellarse contra el suelo. Cada mañana tengo que pasar por ese mismo lugar, y no puedo dejar de preguntarme, por ejemplo, si serán necesarios días, meses o años para borrar por completo el rastro físico de lo que pasó, si será esa la huella más duradera que ha dejado este hombre de su existencia, qué impulsaría a aquel hombre a quitarse la vida de esa forma, casi en la madrugada de un día lluvioso de primavera, o cuántas madrugadas lluviosas de primavera tendré que conducir mi coche hasta mi destino, que, espero, no sea terminar ensangrentada sobre el asfalto, bajo un puente.