lunes, 5 de julio de 2010

Castigo de Sísifo












Por desidia vacacional, copio aquí lo que me dice Wikipedia sobre el castigo del personaje mitológico Sísifo, con el que no dejo de identificarme cada cierto tiempo:






"En el infierno Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio (Odisea, xi. 593). El motivo de este castigo no es mencionado por Homero, y resulta oscuro (algunos sugieren que es un castigo irónico de parte de Minos: Sísifo no quería morir y nunca morirá pero a cambio de un alto precio y no descansará en paz hasta pagarlo). Según algunos, había revelado los designios de los dioses a los mortales..."





Volvemos a tener reformas en casa, ahora, que debería estar disfrutando de mis, creo merecidas, vacaciones. Ya sabéis que, aproximadamente, una vez al año, me toca sufrir esta tortura. Días antes, esta vez han sido dos fines de semana, hemos de desmontar la casa, en la que siempre se van acumulando trastos, muchos, más de los convenientes, sobre todo teniendo en cuenta que esta historia no se acaba nunca. Mi marido nunca se acuerda de buscarse un amigo o familiar para que le ayude, quizás confía demasiado en mi fortaleza, y esto significa que, mientras el destornilla pesadísimos armarios o artefactos, yo tengo que estar debajo soportando el peso(recordad que yo apenas mido 1,60 mientras que él roza el 1,85). A continuación, hay que transportar la carga hasta donde sea, otro sobreesfuerzo. Sin embargo, irónicamente, es él el que se lesiona, yo, fresca como una rosa, aunque rota por dentro. El siguiente paso consiste en soportar la presencia de extraños de mirada torva y comportamiento impredecible en tu intimidad, ruidos insoportables, quejas(muy comprensibles) de los vecinos, algunos de los cuales vienen desde lejos buscando el relax de unas vacaciones soñadas...





Fuimos víctimas del boom inmobiliario, compramos este piso con toda nuestra ilusión, sabiendo las posibilidades que tenía y todo el partido que podíamos sacarle. No contábamos con los defectos de construcción, ni con los defectos de las reformas que llevamos a cabo, ni con las incomprensibles(entonces) denuncias de los vecinos, ni con que nuestra familia crecería hasta dejarlo pequeño. Reconozco que no son reformas caprichosas, son imprescindibles. Las de los años atrás, eran necesarias para poder vivir aquí: nos llovía dentro de la casa, a cubos. Este año, se trata de hacer habitable el piso de arriba, pues continúa siendo un horno en verano y una fresquera, pero muy húmeda, en invierno. Nuestra idea es trasladar nuestro dormitorio allí, dejándole a los dos niños nuestro cuarto actual, que es amplio, y a la niña el dormitorio pequeño, para ella solita. Ahora duermen los tres bastante "hacinados" en su cajita de cerillas, pero van necesitando espacio para estudiar, y allí no queda sitio para un escritorio. Supongo que en diez días podré enseñar alguna foto de lo bien que ha quedado, pero en este momento, estoy de los nervios, os lo juro.





Y es que odio las obras. Me parece que me traumatizó todo lo que pasamos hace cinco años, con la denuncia y demás. Sorprendentemente, a pesar de que se asusta también, sé que a mi marido le encantan estos líos. Él sigue soñando con la casa que le gustaría construir, o con comprar un chalet antiguo para tirarlo entero abajo y hacerlo de nuevo. Cada vez que vuelve a ese tema, se me ponen los pelos como escarpias. De hecho, empiezo a darme cuenta que la historia de nuestra casa es un poco como nuestro matrimonio: se desconchan las paredes, aparecen humedades que hasta llegan a apulgararse, hay momentos que te da hasta asco y sólo te apetece salir corriendo, eso ocurre cuando triunfa el desánimo. Afortunadamente, nunca llega a hacer aguas, porque siempre hay voluntad de matar gérmenes, rascar paredes, tirar muros si fuera menéster, hacer hueco para los que van llegando y, después, con una manita de pintura y una limpieza a fondo, todo vuelve a parecer esplendoroso, da gusto verlo. Supongo que es porque hay una buena base. A pesar de todos los inconvenientes, me gusta esta "casa", me gusta el barrio y hasta alguno de los habitantes(aunque el tema de la fauna autóctona lo trataré otro día, que da para dos o tres posts). Pero es comprensible que muchos otros agarren la maleta y salgan pitando.





Queridos y queridas, me quedo aquí, empujando mi roca, espero que por mucho tiempo.





1 comentario:

  1. Espero que estas obras no te dejen sin tiempo para escribir en tu blog. Disfruta pensando en la cantidad de temas que van a salir de ahí; conociéndote, seguro. Y, como ya te dije una vez, piensa en lo bien que váis a estar cuando coloquéis el último cojín.

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